sábado, 16 de mayo de 2026

preguntas


Hace unos días, en una rueda de bordado, escuché esta pregunta : 
—¿Qué va a ser de mí cuando me muera?
Yo estaba intentando apresar con hilos el resto de una experiencia —barro cocido— en un papel.
Levanté la mirada.
Una desproporción —pensé.
¿Qué era lo desproporcionado —me pregunté después—: mi intención, la pregunta, la muerte?

Más tarde, mirando la película “La Grazia”, de Sorrentino, registré esta otra pregunta:
—¿De quién son nuestros días?
Esta vez tuve que bajar la mirada. La pantalla me distraía, el interrogante me había alcanzado.
Ser dueños de los días, sin serlo de las noches, de la muerte ni de esa infancia sin palabras que nunca termina de pertenecernos: un imposible.
Tal vez la “grazia” consista justamente en eso: en no poder adueñarse.
La propiedad sería esa sutura imposible que terminaría por matar nuestros días.
Pero hay algo que reconozco como pertenencia: la pregunta que me constituye.
Aunque tampoco sé si se trata de una propiedad.
Nadie puede responderla por uno.
¿Cómo llamar a eso?

Hoy me interrogó esta foto que mostraba un astrónomo.
 Dijo que cada punto es una galaxia.
Me anonadó.
Otra vez —pensé—, una desproporción.

¡Que corajudas son las preguntas!
No hay proporción que las detenga. 

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